
Hispano-Suiza: La cima del lujo y la ingeniería a principios del siglo XX
A principios del siglo XX, el estándar de la elegancia, la sofisticación técnica y el prestigio sobre ruedas no solo se marcaba desde el Reino Unido, con nombres como Rolls-Royce, ni desde Francia, con Bugatti. También se escribía en Barcelona gracias a la casa Hispano-Suiza. Fundada en 1904 por el empresario español Damián Mateu y el genio de la ingeniería suizo Marc Birkigt, la compañía se erigió rápidamente como el referente absoluto del automovilismo de superlujo y de la alta aristocracia a nivel internacional.
Los vehículos de Hispano-Suiza se distinguían por soluciones mecánicas revolucionarias para su época. Entre ellas destacaba el uso generalizado de aluminio, motores construidos en bloques de aleación ligera y avanzados sistemas de frenado con servoasistencia, que llegaron a ser licenciados por la mismísima Rolls-Royce. Modelos legendarios, como el Alfonso XIII —considerado por muchos historiadores como uno de los primeros deportivos de verdad en la historia— o el icónico H6B, cautivaron a Reyes, jefes de Estado y personalidades de los felices años veinte. El emblema de la marca, la famosa cigüeña de plata, se consolidó como el símbolo definitivo de estatus social.
Más allá de su éxito en las carreteras, la empresa tuvo un papel crucial en el desarrollo de la aviación durante la Primera Guerra Mundial. Los motores V8 de aviación diseñados por Marc Birkigt equiparon a miles de aparatos aliados gracias a su fiabilidad, potencia y ligereza inigualables, reforzando el prestigio de la ingeniería hispano-suiza en todo el planeta.
Tras décadas de inactividad en el terreno automovilístico —consecuencia de la reestructuración industrial posterior a la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial—, la marca fue resucitada por los descendientes de la familia fundadora. En los últimos años, la firma ha vuelto a acaparar portadas con el Hispano-Suiza Carmen, un hypercar totalmente eléctrico de producción ultralimitada que supera los mil caballos de potencia. Este modelo fusiona líneas retrofuturistas inspiradas en el Dubonnet Xenia de 1938 con tecnología de propulsión eléctrica de competición, manteniendo vivo el legado de excelencia artesanal que definió a la marca hace más de un siglo.