
¡El gigantón invisible! Por qué España domina la producción de coches en Europa
Lo primero que nos viene a la cabeza cuando pensamos en el motor de Europa suele ser Alemania, quizás Italia por su tradición… y casi nadie piensa en España. Sin embargo, hay una realidad industrial que nos coloca justo detrás de la potencia alemana: España es el segundo mayor fabricante de vehículos de toda Europa y se mueve consistentemente entre los diez primeros puestos a nivel mundial. Y lo más curioso es que esta potencia se ha levantado no por casas históricas del país, sino gracias a multinacionales extranjeras que han encontrado en nuestro suelo el sitio perfecto para montar sus fábricas más eficientes.
La geografía española está plagada de fábricas de ensamblaje de primerísimo nivel. Firmas de alcance global como Stellantis —con centros de producción estratégicos en Vigo, Zaragoza y Madrid—, Renault —con instalaciones punteras en Valladolid, Palencia y Sevilla—, Ford —en Almussafes, Valencia— y el Grupo Volkswagen —en Martorell y Pamplona— nos dan al año millones de vehículos. De estos talleres salen desde los coches más pequeños para moverse por ciudad hasta los modelos todoterreno y comerciales más modernos, que luego se exportan a más de cien países.
La razón principal por la que el sistema español funciona tan bien se debe a una serie de factores que se refuerzan unos a otros. Por un lado, tenemos una industria auxiliar de componentes que es fortísima y muy competitiva, liderada por empresas españolas como Grupo Antolin o Gestamp, capaces de entregar sus piezas en la línea de montaje justo en el momento exacto (lo que llaman “just-in-time”). Por otro lado, la mano de obra y los ingenieros españoles están muy bien formados, y una constante introducción de robótica y automatización garantiza unos estándares de calidad muy altos.
Y claro, la logística es clave. La red de autovías, las conexiones por tren y, sobre todo, los puertos de Vigo, Valencia o Barcelona son facilitadores esenciales para exportar grandes cantidades. Hoy en día, la producción de coches supone casi el 10% de nuestro Producto Interior Bruto (PIB) y da trabajo directa o indirectamente a muchísimas personas, haciendo de esta industria una pieza clave para que la economía del país funcione correctamente.